#VozdelDihablo

Otra de las bondades que tiene un festival como el México Metal Fest es la convivencia. En su reciente edición, su servidor pudo aprovechar para saludar a amigos de varias partes de la República… incluso a algunos de otros países centroamericanos, como Honduras y Costa Rica. Entre la población metalera, reinó la paz… por irónico o contradictorio que esto suene; los decibeles a todo lo que daban, mientras el compañerismo se hacía latente frente a los tres escenarios y/o áreas de descanso. Esa camaradería también se sintió en los ‘mosh pit’ / ‘slams’. 

Esto es tu #VozdelDihablo, para el mejor festival de metal en el país.  

Decenas de autobuses de los diferentes estados del territorio nacional comenzaron a llegar al estacionamiento del Palacio Sultán por la mañana. Tal vez cientos. Los asistentes recorrieron toda clase de distancias para coincidir en el mismo punto. Algunos se trasladaron a la sede del evento desde uno o varios días antes, para aprovechar los beneficios del mismo y aclimatarse a la región.  

El acceso estuvo fluido y constante. Los locales tampoco tardaron en ir metiéndose a la fiesta. Fue así que cuando la música inició, ya había bastante público para cada uno de los escenarios.  

Los puestos de cerveza, comida y playeras, discos o ‘souvenirs’ también tuvieron a sus primeros visitantes desde temprano. Que si la gorra para el sol, que si la cebada para hidratarse, que si ya hacía hambre. Y por supuesto, era momento idóneo de buscar la playera conmemorativa… o alguna extra, “por si las moscas”.  

Mi relato comienza desde que obtuve mi acceso. A partir de ese momento, podía decir que estaba una vez ante la cita perfecta, por cuarta ocasión.  

Y desde que ingresé al lugar, que poco tiempo después se convertiría en desfile de celebridades, pude saludar a la razita ‘rocker’, con la cual convivo en ocasiones desde diferentes plataformas. Que si de Aguascalientes, Los Cabos, Tampico, Torreón, Saltillo, Monterrey, Ciudad de México, Durango, Ciudad Victoria, Querétaro, Monclova, Piedras Negras, Guadalajara, Tlalnepantla… las distancias dejaron de existir por unas horas.  

Para algunos, el calor fue factor; resplandecía un incandescente sol que ponía a la Sultana por alrededor de los 30 grados centígrados, temperatura quizá atípica para la última época del año… o por lo menos para lo que habían sido los días más recientes. La buena noticia: cerveza no faltó.  

Escuché comentarios de que el agua purificada se había acabado antes de que concluyera la jornada metalera, por mi parte siempre estuve bien hidratado. Baños, suficientes. Comida, sin queja. Amigos, por dondequiera, incluso faltaron muchos por ver.  

El trato por parte de quienes atienden a invitados y medios de comunicación siempre ha sido de lujo. Los horarios de las bandas se cumplieron a cabalidad, tal como habían sido anunciados. Fallas en el sonido, pocas, pero la energía que emanaba desde el respetable hacía que todo fluyera con naturalidad. Ahí andaban los ‘youtubers’ recabando material entre la gente para luego tener algo que contar en sus canales. Los periodistas, los reporteros gráficos. Ahí estaba una multitud viendo ante sí un recital que quizá nunca imaginaron ver tan cerca. Veinticinco mil almas y un poco más.  

Las nuevas áreas de descanso, como ya lo hemos dicho, fueron un acierto; carne asada para “el sobrino consentido”, pantalla gigante y bancas para los que compraron preferente. Y de esas vueltas que me daba entre preferente, general y el área de prensa, siempre había algo que ver. Los artistas que subían y bajaban del escenario, y a veces salían de su zona de confort, eran atentos con quien se pusiera a su paso: foto, “becho” y apapacho. ¡Una verdadera fiesta! 

Cuentan los que lo vivieron, que a la zona de objetos perdidos fueron a dar muchos celulares que luego se reencontraron con su dueño. Para que por ahí de las 2:00 de la mañana, todo volviera a la calma y normalidad. Miles de vasos vacíos tirados, como ya muchos cuerpos habían yacido sobre el asfalto ante semejante descarga de brutalidad. Saldo blanco en una jornada oscura, casi “infernal”.  

Antes de emprender el viaje a casa, había que despedirse de los que quedaran aún de pie, comprar un tradicional ‘hot dog’ regio con salchicha para asar y darle el último sorbo a la cerveza. A cerrar los ojos, repasar lo acontecido y a soñar con lo que vendrá después.  

La promesa está hecha para 2020. Los boletos vuelan. Destruction, Tankard, Sodom, Mayhem, Total Death, Intoxxxicated y Oversteel, más lo que se vaya sumando. El 14 de noviembre será la próxima parada en el mismo lugar, pero seguramente habrá noticias pronto y sorpresas constantes. No se despeguen.  

Vaya un saludo a cada punto de la tierra donde vive un aferrado metálico, al Emilio, al Ismael, al Ruso, al Carlos “Oculto”, Hugo Enrique, el Necro Piraña, al “Salsas”, Fito, don Gabriel, el Guevara, Jhair “Multidepósitos”, el Kessel, don Manolo, el “Toro” Tadeo… y todos a los que mi memoria escapen, yo no sé qué sería de mi vida sin ustedes.  

Nos vemos.  

MxMFV Flyer Preliminar

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